Sunday, January 18, 2015

RIMAS Y PENSAMIENTOS III



 

Besos clandestinos,

sofocados alientos, 

agitados los pechos.

deseos confundidos

de manos y dedos

en pos de la carne.

Tímidas  palabras

y estremecimientos

que no tienen nombre

porque son pasiones

de noches secretas

que en la sombra

actúan en intensos

y fugases momentos.

 

   

 

Cargo de conciencia

cuentas de suplicio

pena, dolor y castigo

al honor y a la fama.

 

   

 

Vívidos

recuerdos de amores intensos,

pasiones 

logradas en noches ansiadas de amor,

tiempos

para seducciones, ardorosos besos

y ahogos

de abrazos a fuerza trenzados

en intenso Olor.

Carne de pasión penetrada, 

sensación

de humedad entre  muslos amada,

sexualidad 

despertada  en fuegos cruzados 

que erizan la piel

que fueron cenizas de tiempos pasados

lanzados

al viento que esparce todo lo que es destinado

al ingrato olvido.

 

 

   

 

Para los que vagan

sin paz ni destino,

tomad como ejemplo

al pez en el mar

que nunca se queja

de que no hay caminos

por donde avanzar.

 

    

 

Entristecidas,

las amarguras

están gruñendo

porque la felicidad

que  avanza

por todas partes,

acaba de pasar

alegremente sonriendo..

 

   

 

Voy a toda prisa

surcando los aires

como cóndor viejo

de extendidas alas

que no tiene risco

donde reposar.

Así son las cosas

pasados los años.

¡vida solitaria

con cabellos canos!

que nos acompañan

hasta el fin del tiempo

que trae la tristeza

con las pesadumbres

que no son de olvidar.

 

   

 

Recordar la ausencia

de los grandes seres,

que fueron actores

creando mil  cosas,  

como los milagros

hechos con talentos

creando el progreso

del feliz ayer.

Episodios sabios

que causaron celos

invitando envidias,

angustias, recelos

en todos aquellos

que dispuesto tienen

el tiempo de hurtar.

¿Quién no rememora

en  eras olvidadas

tomar  la autoría

de todo lo bueno

que pudo pasar?

Es  que  nadie sabe

lo actuado en secreto

que perteneciera

al talento oculto

nunca registrado,

que la esquiva fama

se abstiene de pagar.

 

Friday, January 16, 2015

EL MUNDO DESPUES DE LOS SABIOS


Tomado del libro El Mundo Despues de los Sabios
Por A.J.Ortega 

 

Lo único nuevo en la naturaleza es la renovación permanente  que le ocurre a cada una  de las esencias  que la componen.

 

CAPITULO I

 

Es media noche y sobre la colonia Española de Santa Cruz de Mompóx, cae un aguacero torrencial tan poderoso que parece que se  hubiera desfondado el cielo sobre la  pequeñita ciudad fundada por el español don Juan de Santacruz en el año 1537. Para entonces Santacruz ocupaba el pomposo cargo real de gobernador de Cartagena de Indias. La construcción de las  primeras obras arquitectónicas fueron levantadas en honor a  Dios y a sus Santos como  las llevadas a cabo por el Convento de los Padres Ermitaños Calzados de San Agustín que habían llegado al mismo tiempo en que arribó la Santa Inquisición que toma asiento para condenar como Centro Inquisitorial del nuevo Mundo, la brujería, la quiromancia, la herejía, la blasfemia y en especial para combatir a los infieles que atacaban el dogma de fe que según la Iglesia, obligaba a todos. Entonces Santacruz de Mompox ha ganado fama por la  hermosa arquitectura Colonial andaluza que  se eleva al lado y lado de la llamada Calle Real del Medio. Pero camino hacia el río, los colonos importantes y ricos también  han construido una nueva ciudad de Mompox que se destaca no solamente como Centro Inquisitorial del Nuevo Mundo, sino por ser el puerto orfebre y comercial más importante y floreciente del Reino de la Nueva Granada. Allí se abrieron los primeros talleres para moldear el oro proveniente de las minas de Loba y Guamocó que operaban como un imán que atrae a visitantes de toda la Colonia Española. Con el arte de la orfebrería, se hace en sus talleres de barro fino tinajones, moyos, ladrillos, macetas, botellas, platos, alcarrazas y adornos de loza vidriada que luego vienen a encontrarse en las casas de los principales gobernantes a lo largo y ancho de las tierras sometidas por España. Famosos son también sus dulces, jaleas y frutas de conserva. Se cuenta para entonces entre los momposinos, la historia de un ataque del pirata inglés John Hawkins que además de su afición por el oro, resultó ser  adicto a las frutas azucaradas.

Como los colonos eran dueños de una tierra que les parecía inacabable, los tamaños de sus casas  sorprendían con sus amplios salones para fiestas y docenas de habitaciones para dormir. Del mismo tamaño eran las tareas de reconstrucción del daño que las lluvias habían dejado en cada  invierno bravo de relámpagos  aterradores que intimidan animales y habitantes con  truenos ruidosos que no dejan dormir a indios ni a colonos porque la naturaleza no se prestaba en aquello de  hacer discriminaciones de raza o de clase a la hora del agua  hacerse notar. Ello los ponía dispuestos a organizar a los indios para el trabajo de reconstrucción que duraba todo el resto del año mientras sus mujeres se dedicaban a rezar en la iglesia apelando  al todopoderoso para evitar mayores calamidades en la que había  sido bautizada como la ciudad de Dios. 

Pero aquella noche en particular las precipitaciones de la lluvia, que para los moradores  han durado una eternidad,  tienen  tal fuerza y magnitud, que sus  aguas arrastra sonoras  piedras de río, que ya han  dado cuenta de  ranchos miserables de  negros esclavos y de algunos  indios siervos a los que sorprendieron con la  turbulencia que arrastra todas sus  miserias que  incluyen lo que mal podría llamarse sus propiedades, es decir los pocos animales domésticos compuestos por marranos, vacas, burros de carga, gallinas, una que otra cotorra  y los  perros que no podían faltar.

 

En las afueras, el barro acumulado y pegajoso que llevan las aguas se desplaza   en ellas invadiendo todos los caminos imponiendo más dificultades a los que en ese instante constituyen un grupo especial que quiere huir de la muerte por ahogamiento o por cuenta de la inquisición que los anda buscando. Por todos los alrededores se siente el olor fuerte de las aguas desbordadas del vecino  rio de la Magdalena. Componen el grupo  mujeres, hombres e infantes a los que se les ve dar a ciegas traspiés  cayendo una y otra vez entre el inmundo lodazal. Los que van adelante hacen esfuerzos por rescatar a los que logran flotar tomándolos del pelo, de la ropa, de los brazos, de las manos. Las mujeres se sostienen a flote tratando de   avanzar lentamente  pero con decisión. Van repitiendo en voz alta  sus propios nombres para indicar que están  completas y ello pareciera darles  ánimo para no dejarse vencer por las turbulencias que tiene la apariencia de los rápidos que anteceden a las cataratas, ni tampoco sienten el miedo que produce la naturaleza que parece no tener intenciones de parar el diluvio ni de mostrar clemencia por aquellos perseguidos por la inquisición.

Los hombres no miran atrás en señal de que no tienen arrepentimiento. Pero en sus rostros  sus pensamientos los traicionan con el recuerdo de la tranquilidad perdida. No obstante, se podría decir que es más fuerte el sentimiento de conservar la vida que sus encomiendas y privilegios de tierras  que se han visto obligados a abandonar cubriéndolas con el manto del desagradecido olvido.

Hace tan solo unos días disfrutaban de grandes comodidades, de reconocimiento extremo y de sumiso  respeto entre todos los habitantes Principales de  la ciudad. En la Colonia española, siempre como lo fueron sus padres,  habían sido considerados Señores dueños de vidas y haciendas. Y lo eran de verdad porque  además muchos de ellos tenían vínculos de Sangre con los conquistadores a quienes el Rey había distinguido en el Nuevo Mundo con títulos de una nobleza que era una especie de trampa de la vanidad colonial porque no era reconocida como parte de la monarquía Española. Pero la mala suerte es como la buena, consecuencia de las propias acciones de los hombres. Solo que por culpa del destino fatal las malas acciones  siempre concluyen   en  resultados adversos y pérdidas de privilegios y las buenas no duran para siempre. Así que, de la noche a la mañana, la sociedad de Mompóx había comenzado  a volverse  despótica al no encontrar  descanso cuando las cabezas que gobiernan en nombre del rey se ven  en peligro de perder el poder del que lo tiene todo y  quiere más.

Por esas calendas, Iglesia y Estado aún se mantienen juntos gracias a las enormes distancias que existen entre  la madre patria y sus colonias donde se practican  mecanismo de opresión inhumanos para mantener bajo control opresor a los súbditos de su Majestad que ignora lo que ocurre en sus dominios, en los que se incluye a esta pequeña ciudad perdida en la selva suramericana, sin esperanzas  aún de ver  los vientos del cambio y de la inevitable evolución de las instituciones humanas que allí no se conocen porque está prohibido hablar de ellas por fuera de los cánones religiosos so pena de castigo. En los   empolvados salones de Mompox, los representantes de la realeza son la verdad y la vida, que por supuesto, que transcurre bajo el mandato de las viejas ideas que giran en la mente humana sin esperanzas de evolucionar  y menos ahora que La llamada Santa inquisición gobierna todas las voluntades humanas.

No hace muchos años, Roma ha confirmado la administración de la Justicia en manos de la jerarquía de la Iglesia, que ha transformado ese poder civil en la más sectaria y escabrosa persecución religiosa, cubriendo de sangre a toda Europa y que ahora lo hace  en las Colonias de América con sus mecanismos de terror. La  Santa Inquisición, que no es otra cosa que el instrumento perverso que acude a la cacería de brujas y de  infieles tiene listo el  terrorismo para exterminar del  nuevo mundo, lo que no le gusta   en materia de libertad religiosa al viejo continente.

Thursday, January 15, 2015

LA GORILA HABLA


Tomado del Libro Cuentos,Historias & Relatos (Tomo I)
Por A.J.Ortega

 

Los ingleses son ante nuestros ojos un pueblo extraordinario. Cuando consultamos las páginas de su historia milenaria y sus aportes al progreso de la humanidad tenemos que aceptar que así es. De allí han venido para nuestro conocimiento y uso, miles de inventos, de teorías políticas, de proezas que han enriquecido no sólo su literatura y orgullo nacional, sino un estilo y una manera bautizada por su flemática forma de proceder.

 

Indudablemente y siguiendo la línea que caracteriza a los anglosajones por la frialdad que imprimen a todos sus actos cotidianos, se les considera calculadores en los negocios y hay quienes sostienen que la neblina Londinense ha sido culpable de ese temperamento que hace lentos sus modales y perezosos sus movimientos. Pero hay un acuerdo general en el juicio que se les hace cuando afirmamos que de ninguna manera son mentes improductivas sino por el contrario, son de un portento de profundas reflexiones sobre la meta última del hombre acorde con firmes principios de comportamiento que los ha llevado a la conquista de lo inhóspito  hasta llegar a ser, como lo fueron, imperio de vastas extensiones de tierra rigiendo sobre cientos de millones de seres humanos.

Cierto es que son arrogantes en la expresión, pero elegantes cuando quieren que la moda se refleje como parte de su cultura,  sus maneras de moverse y de vestir. También  viven contentos con el sistema monárquico  que está empotrado en la vida inglesa desde hace muchos siglos y cuya jerarquía la representa la reina Isabel que pareciera que fuera  inmortal.

 

Estamos acostumbrados a oír de las personas que llegan a una cita a tiempo: “Soy puntual como un Inglés” y “caballeroso sin caballo, pero como un Londinense”, “Actúas tan acartonado como si fueras la reina de Inglaterra”, esto último para significar el exceso de clase política y social por el antipático distanciamiento que ella impone como un muro de contención a otros seres humanos de menor jerarquía y por la tendencia milenaria a encontrar al resto de los mortales en la categoría de subalternos, como lo demanda el régimen de su majestad.

Pero ese superficial anecdotario que el mundo moderno civilizado tilda de anacrónico, es superado por hechos extraordinarios como la revolución Industrial originada en Inglaterra que cambió al mundo con el aporte que ese país hizo con la ciencia y la técnica  originada en su fértil imaginación como aporte al progreso humano, de donde vino el  surgimiento de personalidades que marcaron hitos en la historia de la economía universal o por la simple aparición de individualidades que han sido maravillosas con la naturaleza con hechos amorosos que comprometen sus vidas, como el que vamos a relatar.

Elizabeth es una dama inglesa que contrario al pasado que representa la reina Isabel, carece de títulos de realeza, pero que para el momento de esta historia, está dotada por el más inmenso amor por la zoología animal. Ha dedicado desde la universidad toda su vida al cuidado de los gorilas. Con el título de zoóloga ha ganado honores en la Universidad de Cambridge, con los cuales  ha partido hacia los bosques húmedos del Centro y Oeste de África, por la zona ecuatorial de montes boscosos y sabanas selváticas.

 

Conoce Camerún, Gabón, El Congo, Etiopía y en este que espera sea su último viaje, hace asentamiento en los límites de la zona boscosa de Ubangui colonia de monos de piel gris, macacos, chimpancés y gorilas que constituyen una  de la especie más temible de monos Africanos. En esa inmensa región del África Central, tribus en estado salvaje y cazadores crueles de diversos orígenes, se dedican a la caza de los hermosos gorilas que venden en pública subasta, cuando no sus descuartizados miembros que ofrecen abiertamente en las calles al turismo carnicero que sigue existiendo sobre la tierra debido a las débiles prohibiciones existentes implantadas por algunos gobiernos del llamado continente negro.

En sus viajes Elizabeth visitó uno de los más concurridos mercados públicos de especies del Congo. Prisionera entre una rudimentaria jaula de madera una recién nacida gorilita se encontraba para la venta. Su madre había sido descuartizada horas antes por un grupo de cazadores batekes que como los casi extintos bebuinos, macacos o jibones, hacían de esa cruel actividad un medio de vida.

La mujer de Londres se acercó a la cárcel de madera y se arrodilló para mirar a la bebé gorila. En sus ojos grandes y redondos descubrió la tristeza de lágrimas de la orfandad y del hambre de dos días.

 

- ¿Cuánto vale?, Preguntó metiendo su mano en el bolsillo de la falda de caqui en busca de la libra esterlina.

 

El hombre de la tribu sin ningún asombro le dio el precio, pero le advirtió en lengua bateke que la pequeña gorila moriría si no era alimentada por la madre y porque además se negaba  a recibir alimento.

 

- No me importa-. La tomo, respondió Elizabeth contando las libras esterlinas hasta la cantidad requerida y las entregó al cazador.

 

Mujer y bebé gorila viajaron al día siguiente a Londres, después de llenar los trámites exigidos por los ingleses para permitir el ingreso de esa especie a su territorio.

 

En su casa de Rodé Shire la pequeña bestia recibió muchos cuidados y amor de su nueva protectora y contra toda predicción sobrevivió al cuidado de su madre humana y a su lado volvióse adulta.

 

Durante ocho años de cuidados, dedicación y amor por el animal, la zoóloga  inglesa aprendió el intrincado idioma gráfico de los simios. Observando los movimientos que el gorila realizaba para hacer o deshacer, Elizabeth los fue codificando buscando el sentido de los ruidos seguidos de  movimientos hasta lograr clasificarlos por la repetición, lo que también hizo con los  sonidos que emitía cuando estaba hambrienta y pedía alimentos o cuando podía ver la tristeza de sus ojos, con lo que estructuró la primera forma de elemental lenguaje con el que empezó a lograr las primeras muestras de  entendimiento con la joven gorila.

 

Con la admirable paciencia anglosajona dedicó buena parte de su tiempo a clasificar los movimientos físicos y sonidos hasta llegar a una conversación inteligente con la gorila adaptada ya a los tratos amorosos de Elizabeth. Logrado esta maravilloso resultado de comunicación en todo lo relacionado con las necesidades y emociones de la Gorila que ya había crecido lo suficiente como para iniciar la etapa de regreso a sus orígenes, Elizabeth quiso compartirlo con el mundo para lo cual citó a una rueda de prensa en los jardines de su  casa invitando a las revistas especializadas, a la esquiva televisión Londinense, a los periódicos y a los más avezados e incrédulos periodistas especializados en cubrir  la vida animal y en particular en el mundo salvaje.

 

Frente a ellos habló con desparpajo con la  gorila a la que  le dio órdenes que el animal inteligentemente cumplió a cabalidad, pero obviamente no logró convencer a los periodistas espectadores, que al principio interpretaron el espectáculo como un acto rutinario que por cientos de años habían ofrecido todos los circos del mundo.

 

Sin embargo, sorpresivamente uno de aquellos personajes que por su participación accidental en la historia extraordinaria de los acontecimientos del hombre logran con su intervención hacer la diferencia para descubrir un momento estelar de la naturaleza, tomó la palabra para decir:

 

Hace un par de semanas dos gorilas machos de esa misma especie fueron vendidos al zoológico de Londres. Llevemos a la gorila hasta allí y démosle ordenes que todos vamos a mantener en secreto hasta el momento de darlas y usted las transmitirá al gorila para ver qué sucede.

 

La mujer y el grupo de periodistas se rieron de la propuesta, pero al final estuvieron de acuerdo y unos días después periodistas y animales se encontraron en el zoológico de Londres frente a las jaulas de dos gorilas machos.

 

Entonces las órdenes que deberían transmitirse a la gorila se le entregaron por escrito a  Elizabeth que a su vez las transmitió a la  gorila, que las cumplió sin ningún trabajo. Fueron instrucciones que casi implicaban una interpretación cercana a la que hacen los hombres del común y a veces identificación de cosas, pruebas que la gorila cumplió sin dificultad y hasta casi con humano aburrimiento.

 

Pero cuando la acercaron a las jaulas que separaban a los gorilas machos, se produjo un desquiciamiento entre ellos.

 

Los gorilas enloquecieron al ver a la hermosa hembra y comenzaron a actuar emitiendo sonidos y golpeándose salvajemente el brillante y calvo pecho mientras intentaban salirse por entre las barras de las jaulas, mostrando sus peligrosos caninos.

 

Elizabeth escuchó lo que los animales machos se decían pero guardó mudo silencio como Inglesa.

 

- Pregúntele al gorila ¿cuál de los dos machos le gusta?, dijo uno de los periodistas que aprisionaba una pipa en su mano.

 

La mujer lo hizo en forma gutural, moviendo su cuerpo, inclinando luego el lado derecho en mano y pie como si intentara avanzar.

 

La gorila puso su dedo sobre el labio inferior y emitió unos sonidos extraños con los que dijo su preferencia.

 

- La gorila dice que le gusta el que está en la jaula de la izquierda, comentó la inglesa.

 

- ¿Cómo vamos a saber que esa selección es verdadera, si los que estamos aquí no entendemos “su lenguaje”?., Interrogó el periodista con esa reconocida ironía anglosajona.

 

- Dígale que vaya hasta allá y le dé un beso o que se pare junto a la jaula del que le gusta dijo con sorna otro de los escépticos.

 

Elizabeth y la gorila se hablaron de nuevo con sonidos y movimientos que causaban sonrisas deformes en los labios de los periodistas.

 

La gorila, sin esperar un segundo, fue hasta las jaulas donde los otros gorilas continuaban armando un terrible escándalo. Entonces la gorila  se detuvo. Unos segundos transcurrieron mientras decidía su preferencia. De pronto avanzó hacia la jaula de la izquierda dando el beso al gorila preferido ante el asombro de todos.

 

Este hermoso e insignificante suceso obviamente no pasó de ser más que una anécdota periodística que ningún medio informativo registró, seguramente pensando que al admitir la existencia del inteligente lenguaje animal, ello nos podía poner  en comunicación directa con nuestros parientes los simios, quedando resuelto el caso del eslabón perdido entre los primeros hombres con los antropoides.

 

Pero sin lugar a dudas, el ser humano es el animal más orgulloso de toda la naturaleza.

 

Con la evolución de sus propios sonidos en miles de millones de años, logró darse el lenguaje y construir con el idioma la teoría religiosa de su origen divino. En lo que llamamos su desarrollo cultural, ha demandado de las otras especies que se expresen en idioma entendible si quieren colocarse a su propio nivel para demostrar que son inteligentes, cuando lo que ha debido hacer es descender a ese precioso mundo que permanece en el secreto animal con sus enseñanzas, movimientos, olores y sonidos con los que se entienden entre sí todas las especies. La naturaleza toda ha demostrado que los animales se comportan en muchas oportunidades en forma más inteligente a como lo hace el hombre más avanzado de la civilización moderna.

 

Monday, January 12, 2015

LA MUERTE INEXPLICABLE


Tomado del libro Rimas y Palabras
Por A.J.Ortega

En aquella playa

recuerdo haber visto

a un hombre apacible 

transitando solo

la orilla del mar.

Pisaba la arena

con paso prudente,

iba muy tranquilo

reteniendo todo

con sus ojos verdes

que veían las olas

moverse en vaivenes

de aguas azules

que el mar le entregaba

a su transitar.

De repente cosas

que el destino cambia

le dan al paisaje  

un giro espantoso 

lleno de dolor.

Son golpes de gracia

que trae la pobreza

que a la  madre negra

su emoción espanta.

Lleva entre sus brazos

a su hijo pequeño

que la infausta muerte

se llevó por hambre. 

Su cara  marchita 

llora aquel infierno

lágrimas que llevan

la rabia, el  desprecio.

Ni duelo de palabras

ni alivio en el gesto

que al dolor parece

pero que no ofrece

la pena ni el dolor
poder mitigar. 

Ella eleva el rostro

con furia encendida

buscando explicarse

la razón de Dios.

Entonces se detiene

con la cabeza arriba

haciendo el esfuerzo

por no ver el cielo

y porque el deseo
que mas la acompaña
es poder maldecir.

Apresura el paso

del hijo apresada

va a cumplir su sino

con el alma aireada

y sin poder evitarlo

se hunde en el  mar.

El viejo  que ha visto

la dura tragedia,

vuelve a dar sus pasos

que errantes avanzan

buscando explicarse

el por qué  la vida

que es obra sagrada

tiene que perderse   

en tristes designios

que no explican nada.

Sunday, January 11, 2015

EL DIA UNIVERSAL DE LA PAZ

Tomado del libro Cuentos, Historias & Relatos Tomo I
Por A.J.Ortega
 

Voy a reiterar a la ONU, a la OEA, a la OTAN, a Ginebra y al Papado, que se celebre en el mundo el día de la paz como un anhelo ético y cultural de todos los pueblos de la tierra.

Un día para deponer las armas y apaciguar los ánimos; el día de Jesús, de Gandhi y de todos aquellos que han dado su vida por convencer al hombre de que la no violencia no hace parte de la felicidad que se sueña en el decurso de la vida; Un día para que se festeje el cese de todas las agresiones y de todas las palabras ofensivas. Un día para que la  persona entienda el verdadero sentido de la paz porque estará prescrito que en ese día no se escuchará un solo disparo de fusil que provenga del campo de la guerra, ni un grito de dolor, ni un llanto de pena ante la muerte violenta, porque será día de perdón en que no quedará una sola huella de agravio recibido.

 

Sería el día para conmemorar la paz por el comportamiento tranquilo y como demostración de que la voluntad humana puede controlar y derrotar la violencia desde el recinto del espíritu y por ello parar la agresión en todas sus manifestaciones. Esas veinticuatro horas serían suficientes para la reflexión, demostrando que la mejor forma de resolver los conflictos, los diferendos, las injusticias, las desavenencias y las imposiciones ideológicas, es a través del juicio pacífico que encause al ser humano a encontrar sus propias conveniencias sin tener que agraviarse con sus hermanos que hacemos parte de la misma especie.

 

El día de la paz y de la tranquilidad, será un día en que en todos los rincones de la tierra se celebre el respeto a la vida, el respeto al  pensamiento diverso de cada hombre sobre su propio destino último al lado de la fuente suprema de la  vida. Serán pocas horas de confraternidad universales aprovechables para propiciar reflexionando sobre el esenciales a la convivencia entre  pueblos y  gobiernos, en el entendido de que los extremos se tocan aunque existan posturas culturales diversas que enriquecen el progreso del ser porque todas conducen al fin de la existencia de todos  sin distinción de razas o religiones.

El día de la paz será el día en que realmente cada hombre se comporte como un ser portador de valores humanos en su propia diversidad de creencias que han  escogido para su superación, porque ese en ella deben caber la comprensión y corrección de sus errores para enmendar en su fuero interno las injusticias que provienen de sus cabezas, porque al perdonarse así mismo se obtiene la concordia con la propia existencia y con la universalidad del pensamiento afín con la existencia del Dios amoroso que aconseja al hombre borrar de su vida  sus propias acciones violentas.

 

Sería el día para festejar la caridad, que es la alegría de sentir amor de todos por todos, sin pensar con egoísmo abriendo la compuerta a ese sentimiento que eleva el espíritu. Un día del año para festejar en cada hogar, el buen comportamiento amoroso, comprensivo y tolerante de los padres con los hijos y de estos con sus hermanos.

Entonces será el comienzo de la gran tarea con la que  el hombre podrá demostrar que en verdad es el rey de la naturaleza, porque habrá superado la violencia por la acción simple de su voluntad, al colocarse por encima de la caverna y del comportamiento inferior de su sola animalidad.

Esta propuesta va dirigida a quienes  tienen la capacidad de mover las ideas en la comunidad internacional, porque lo que está ocurriendo hoy en día es que todos ellos están muy preocupados en reunir dinero para detener la violencia mejorando el armamento de todos los ejércitos del mundo.

Friday, January 9, 2015

EL ROBO FAMÉLICO


Tomado del libro Cuentos, Historias & Relatos Tomo II
Por A.J.Ortega
 

Pedro tenía trece años cuando la guerrilla comunista se apareció en la parcela de tierra de su padre.

 

- Venimos por el muchacho para entrenarlo, le habían dicho a su padre, el día que le había traído del pueblo un par de zapatos nuevos de negro brillante como regalo de cumpleaños.

 

- En qué lo van a entrenar, preguntó el asustado campesino.

 

- En la lucha contra las oligarquías, respondió el comandante.

 

- ¿Y esa oligarquía qué significa? Preguntó Pedro que seguía con sus ojos negros los movimientos de los guerrilleros y escuchaba lo que se decidía sobre el destino de la vida de su hijo mayor.

 

Los ojos del viejo campesino, los de su esposa y sus dos pequeñas hijas se llenaron de lágrimas, mientras dos guerrilleros con rostros curtidos en la brega del crimen, mostraron fiereza por la forma como aprisionaron a Pedro por los brazos, a lo que el varoncito no pudo oponerse pataleando, aunque pudo dirigirse a su padre diciéndole:

 

- ¿Quién cuidará de los animales papá? No puedo ir, gritaba Pedro con determinación.

 

- Si no viene por las buenas matamos al hijo de perra de su papá, a su mamá y a todos de una vez, dijo el guerrillero más resuelto que alistó el arma para disparar a la cabeza del viejo campesino.

 

El niño que no era torpe porque intuía la muerte en la amenaza, observó la amargura de su familia y vencido por la realidad agachó la cabeza aceptando el destino de violencia que le acababa de ser trazado por el jefe guerrillero.

 

- Quiero llevar mis cosas, dijo Pedro soltándose a la fuerza de  las garras  de los rebeldes.

 

Lo dejaron entrar a la choza para tomar su sombrero manchado de tierra de arar que era lo único que le pertenecía y con él metido hasta las orejas se fue con los guerrilleros sin mirar atrás para no mostrar las lágrimas a su familia y porque no quería que vieran el  susto y la pena que sentía de pensar en no volverlos a ver.

 

La tragedia de la guerra para los campesinos era tener que escuchar todos los días las noticias de la cosecha de muertos de chicos secuestrados que se habían convertido en carne de cañón porque nunca regresaron a ver cómo desde su ausencia todo había comenzado a derrumbarse incluyendo  las cosechas y sus familias.

 

Vereda abajo, Pedro miró por última vez las tierras de labrantío y minifundio  que dicen pertenece a la gente que está a la brava con la guerrilla como garantía  no se sabe de qué.

 

Pedro es flaco y menudito. Su rostro colorado en los cachetes muestra una gran  frustración porque hacía semanas que planeaba ir a la escuela a aprender las primeras letras y ahora sabe que lo único que acaba de saber es que seguramente va a morir.

 

- Mijo, su merced es un muchacho muy inteligente porque sabe hacer las cosas bien y merece aprender a hacerlas mejor, le había dicho su madre poco antes de que aparecieran los guerrilleros. Su padre, que seguía los dichos de los abuelos  le había dicho con orgullo que cuando llegara la hora de irse para la escuela iba a perder a un buen trabajador.

 

En el ocaso, el sol llanero se crece como una naranja gigante que se pinta de amarillo y rojo a las cinco de la tarde, cubriendo el contingente de niños secuestrados que caminan sin saber para donde los llevan bajo aquel hermoso el horizonte de colores. Avanzan por trochas y caminos de herradura con hambre y se toman varios días sin saber para dónde el destino dispone a dónde van. Luego cuando el sol se va de descanso tras las montañas, arriban a un punto oculto entre la inhóspita clandestinidad donde desaparecen los seres humanos. Hambrientos se enfrentan en todas partes a  fogones abandonados cubiertos de cenizas que pertenecieron a los que el gobierno llama desplazados de la violencia. No han comido en todo el día y ya se les ha dicho que el entrenamiento comenzaba aprendiendo primero a matar el hambre con la costumbre de no comer a no ser los hígados de los enemigos. –Además-dice el comandante - está prohibido a un revolucionario a  hablar de cosas de comer.

 

Pero el hambre que no recibe órdenes de nadie se vuelve respondona en el estómago y en el susurro de la complicidad.

 

Al lado de Pedro está Luis, un chico de su misma edad pero de la llamada  vereda de rastrojos, que es más miserable que la suya. Él le cuenta una historia parecida a su secuestro, pero hay en su relato  palabras que Pedro considera van a ser decisivas para hacer una buena amistad.

 

- Tengo tanta hambre desde hace dos días y creo que  soy capaz de echarle muela a cualquier cosa que se mueva dice Pedro.

 

- Yo también pero ya escuchaste las  amenazas. De seguro si pedimos de comer nos van a dar bala. Antes de que tú llegaras nos habían dicho que comer es una forma de gula capitalista  dice Luis tirando manos al viento buscando golpear a enemigo imaginario con la fuerza que le queda.

 

- Cuánto llevas en estas.

 

- No lo sé, pero ya me parece mucho.

 

El fusil que acaban de recibir les pesa como un condenado y hasta parece ser más alto que ellos. El Comandante, que no tiene más de treinta años, está curtido en la lucha ya ha tenido oportunidad de decirles que sus vidas dependen de ese sucio instrumento de muerte.

 

- ¿Quiénes son los enemigos?

 

- Los ricos y todos los que no son guerrilleros.

 

- ¿Y hay que matarlos a todos? Se ve que son muchos y además nos llevan la ventaja de que atacan con la tripa llena. Pero el comandante dice que la guerra es simple, pues solo tenemos que  buscarlos y darles en la madre y lo dice como si eso fuera fácil.

 

- ¿Y si ellos son los que nos encuentran y nos dan a nosotros?

 

- Pues nos dan en la madre a  todos los guerrillos y como los muertos no hablan.

 

Desde entonces Pedro y Luis anduvieron juntos acariciando el miedo y recitando la lección del odio que no sentían y comprobando que no era cierto lo que el comandante les decía era doctrina revolucionaria. Además la verdad era que ninguno de los dos iba a sentir valor de aguante a la hora de los disparos.

 

Varias semanas pasaron caminando como judíos errantes, sin rumbo fijo, buscando enemigos del pueblo en esa soledad que vuelve tensos e  inútiles los músculos que cargan el fusil que pesa más que la conciencia, hasta que por órdenes superiores que nunca se supo cómo llegaron, fueron remitidos al frente 13 donde se encontraron ciento veinticinco niños más que inocentemente pretendían jugar a la guerra.

 

- El trece es número de la buena suerte dijo Luis con más agüero que confianza, porque se había enterado a la llegada, que allí quedaba el campamento donde iban a ser entrenados contra los ricos que también eran los dueños de toda la tierra de los alrededores.

 

- A qué hora se come en este lugar, preguntó Luis.

 

- Unas veces en la mañana, otras al medio día, una sola comida cuando viene el cocinero que es del pueblo vecino y no me pregunte el nombre del pueblo porque es secreto y nos castigan porque el que  hace esa clase de preguntas se está preparando para desertar.

 

Durante los meses que siguieron, los dos jóvenes campesinos resistieron toda suerte de penalidades entre la selva que resultó estar más cerca de lo que creían  cruzando las áreas montañosas, pisando tierras de cultivo cuidándose de las “minas quiebrapatas” que ellos mismos sembraban cubriéndolas como trampas para los enemigos. Comían poco, unas veces sí y otras no, hasta que ello se volvió un mal hábito de días enteros de ayuno. Entonces los dos nuevos amigos se volvieron ladrones de gallinas y de mujeres, porque de pronto les comenzó la picazón entre las piernas y por ello aprendieron el truco de esperar a las campesinas detrás de las matas donde se dejaban remordimientos con sentimientos de odio y repudio por la revolución.

 

- Nos estamos volviendo más crueles que el comandante, decía Luis después de los placeres de la carne que se estaban volviendo una necesidad como la comida.

 

- El  sigue con su cuento de la revolución y nosotros ya nos hemos dado cuenta que el dinero que le roba a los campesinos se lo encaleta para él y no para la guerra contra los ricos.

 

- Es que ya es rico con lo mucho que roba, respondió Pedro con la mueca de una sonrisa.

 

Un día de esos en que todas las ideas acosan desde temprano, habían tenido que correr para ocultarse entre el monte y pasar de agache a un batallón del ejército que les pisaba los talones.

Pasaron muchas horas respirando sin hacer ruido, hablando por señas y escuchando los bramidos del estómago que no se resignaba a ser alimentado a punta de agua de cantimplora que tenía sabor a plomo. Las cosas habían comenzado a empeorar porque cuando llegaba la noche, ningún guerrillero campesino sabía de quien era vecino o si tenía que esperar las órdenes del Comandante que estaba mudo en la oscuridad y que era el único que tenía de comer. Siempre traía consigo un morral cargado con una panela y un frasco de leche. Aprovechando las necesidades del cuerpo que acosaron al comandante y cerciorándose que en la urgencia éste había descargado el morral recargándolo en el lomo del árbol, Pedro, que ladraba de hambre, se lanzó por el morral haciéndose a leche y a la panela que compartió con Luis sin que nadie más los viera. La leche estaba agria pero al mezclarla con panela les supo a “mielmesabe” llamado también el postre de los pobres. Luego entre los matorrales hicieron cama y se pusieron a conciliar el sueño sin darse más explicaciones.

A la mañana siguiente, el Comandante levantó el morral que se había aligerado de peso. Abrió la boca del morral y metió la mano que no encontró panela ni leche.

 

- ¿Cuál hijo de su madre se robó mi panela y mi leche?, Gritó con ira el comandante.

 

- Las bocas cerradas de los niños guerrilleros se mantuvieron tal cual.

 

- Voy a matar a uno por uno hasta que encontrar al ladrón, dijo sacando la pistola.

 

Inmediatamente apuntó a la cabeza de Luis que estaba cerca de él.

 

Pedro vio el peligro en que el robo había puesto a su amigo. El heroísmo no era conocido por él y dándose una oportunidad de explicar el delito famélico, dio un paso al frente.

 

- Fui yo, tenía mucha hambre mi comandante dijo con el tono suave y la cabeza gacha.

 

El comandante lo miró con odio, le quitó el fusil y le ató rápidamente las manos a sus espaldas.

 

- Prepare su arma y métale un tiro en la cabeza a este ladrón, le ordenó a Luis.

 

- No voy a hacer eso mi comandante, se negó el niño guerrillero.

 

- Si usted no lo hace también se muere, sentenció el Comandante ahora apuntándole con la pistola a uno de sus ojos.

 

Todo el batallón de niños sabía que el comandante hablaba en serio. Entonces  Luis se vio obligado a meterle un tiro a la cabeza de Pedro para salvar su vida. Esa fue la primera oportunidad que tuvo de conocer el verdadero sentimiento del odio que lo impulsó a desertar.

 

Cinco días después Luis regresó por sus huellas hasta la choza de su familia.

 

- Alisten lo que puedan que nos vamos ya, fue el saludo que le soltó a su madre que había perdido la carne de todo su cuerpo hasta quedar casi en los solos huesos.

 

Hoy la familia de Luis ha abandonado el pedazo de tierra porque ya no vale nada desde que se supo que la guerrilla anunció que ya va en camino de cumplir su promesa de matar al desertor y a su familia.

Los campesinos que escucharon la infausta noticia saben que no cuentan con la ayuda de nadie porque en el ejército también los buscan para matarlos cuando se enteran que sus hijos son guerrilleros y esas son razones más que suficientes para guardar silencio sepulcral.