Monday, January 12, 2015

LA MUERTE INEXPLICABLE


Tomado del libro Rimas y Palabras
Por A.J.Ortega

En aquella playa

recuerdo haber visto

a un hombre apacible 

transitando solo

la orilla del mar.

Pisaba la arena

con paso prudente,

iba muy tranquilo

reteniendo todo

con sus ojos verdes

que veían las olas

moverse en vaivenes

de aguas azules

que el mar le entregaba

a su transitar.

De repente cosas

que el destino cambia

le dan al paisaje  

un giro espantoso 

lleno de dolor.

Son golpes de gracia

que trae la pobreza

que a la  madre negra

su emoción espanta.

Lleva entre sus brazos

a su hijo pequeño

que la infausta muerte

se llevó por hambre. 

Su cara  marchita 

llora aquel infierno

lágrimas que llevan

la rabia, el  desprecio.

Ni duelo de palabras

ni alivio en el gesto

que al dolor parece

pero que no ofrece

la pena ni el dolor
poder mitigar. 

Ella eleva el rostro

con furia encendida

buscando explicarse

la razón de Dios.

Entonces se detiene

con la cabeza arriba

haciendo el esfuerzo

por no ver el cielo

y porque el deseo
que mas la acompaña
es poder maldecir.

Apresura el paso

del hijo apresada

va a cumplir su sino

con el alma aireada

y sin poder evitarlo

se hunde en el  mar.

El viejo  que ha visto

la dura tragedia,

vuelve a dar sus pasos

que errantes avanzan

buscando explicarse

el por qué  la vida

que es obra sagrada

tiene que perderse   

en tristes designios

que no explican nada.

Sunday, January 11, 2015

EL DIA UNIVERSAL DE LA PAZ

Tomado del libro Cuentos, Historias & Relatos Tomo I
Por A.J.Ortega
 

Voy a reiterar a la ONU, a la OEA, a la OTAN, a Ginebra y al Papado, que se celebre en el mundo el día de la paz como un anhelo ético y cultural de todos los pueblos de la tierra.

Un día para deponer las armas y apaciguar los ánimos; el día de Jesús, de Gandhi y de todos aquellos que han dado su vida por convencer al hombre de que la no violencia no hace parte de la felicidad que se sueña en el decurso de la vida; Un día para que se festeje el cese de todas las agresiones y de todas las palabras ofensivas. Un día para que la  persona entienda el verdadero sentido de la paz porque estará prescrito que en ese día no se escuchará un solo disparo de fusil que provenga del campo de la guerra, ni un grito de dolor, ni un llanto de pena ante la muerte violenta, porque será día de perdón en que no quedará una sola huella de agravio recibido.

 

Sería el día para conmemorar la paz por el comportamiento tranquilo y como demostración de que la voluntad humana puede controlar y derrotar la violencia desde el recinto del espíritu y por ello parar la agresión en todas sus manifestaciones. Esas veinticuatro horas serían suficientes para la reflexión, demostrando que la mejor forma de resolver los conflictos, los diferendos, las injusticias, las desavenencias y las imposiciones ideológicas, es a través del juicio pacífico que encause al ser humano a encontrar sus propias conveniencias sin tener que agraviarse con sus hermanos que hacemos parte de la misma especie.

 

El día de la paz y de la tranquilidad, será un día en que en todos los rincones de la tierra se celebre el respeto a la vida, el respeto al  pensamiento diverso de cada hombre sobre su propio destino último al lado de la fuente suprema de la  vida. Serán pocas horas de confraternidad universales aprovechables para propiciar reflexionando sobre el esenciales a la convivencia entre  pueblos y  gobiernos, en el entendido de que los extremos se tocan aunque existan posturas culturales diversas que enriquecen el progreso del ser porque todas conducen al fin de la existencia de todos  sin distinción de razas o religiones.

El día de la paz será el día en que realmente cada hombre se comporte como un ser portador de valores humanos en su propia diversidad de creencias que han  escogido para su superación, porque ese en ella deben caber la comprensión y corrección de sus errores para enmendar en su fuero interno las injusticias que provienen de sus cabezas, porque al perdonarse así mismo se obtiene la concordia con la propia existencia y con la universalidad del pensamiento afín con la existencia del Dios amoroso que aconseja al hombre borrar de su vida  sus propias acciones violentas.

 

Sería el día para festejar la caridad, que es la alegría de sentir amor de todos por todos, sin pensar con egoísmo abriendo la compuerta a ese sentimiento que eleva el espíritu. Un día del año para festejar en cada hogar, el buen comportamiento amoroso, comprensivo y tolerante de los padres con los hijos y de estos con sus hermanos.

Entonces será el comienzo de la gran tarea con la que  el hombre podrá demostrar que en verdad es el rey de la naturaleza, porque habrá superado la violencia por la acción simple de su voluntad, al colocarse por encima de la caverna y del comportamiento inferior de su sola animalidad.

Esta propuesta va dirigida a quienes  tienen la capacidad de mover las ideas en la comunidad internacional, porque lo que está ocurriendo hoy en día es que todos ellos están muy preocupados en reunir dinero para detener la violencia mejorando el armamento de todos los ejércitos del mundo.

Friday, January 9, 2015

EL ROBO FAMÉLICO


Tomado del libro Cuentos, Historias & Relatos Tomo II
Por A.J.Ortega
 

Pedro tenía trece años cuando la guerrilla comunista se apareció en la parcela de tierra de su padre.

 

- Venimos por el muchacho para entrenarlo, le habían dicho a su padre, el día que le había traído del pueblo un par de zapatos nuevos de negro brillante como regalo de cumpleaños.

 

- En qué lo van a entrenar, preguntó el asustado campesino.

 

- En la lucha contra las oligarquías, respondió el comandante.

 

- ¿Y esa oligarquía qué significa? Preguntó Pedro que seguía con sus ojos negros los movimientos de los guerrilleros y escuchaba lo que se decidía sobre el destino de la vida de su hijo mayor.

 

Los ojos del viejo campesino, los de su esposa y sus dos pequeñas hijas se llenaron de lágrimas, mientras dos guerrilleros con rostros curtidos en la brega del crimen, mostraron fiereza por la forma como aprisionaron a Pedro por los brazos, a lo que el varoncito no pudo oponerse pataleando, aunque pudo dirigirse a su padre diciéndole:

 

- ¿Quién cuidará de los animales papá? No puedo ir, gritaba Pedro con determinación.

 

- Si no viene por las buenas matamos al hijo de perra de su papá, a su mamá y a todos de una vez, dijo el guerrillero más resuelto que alistó el arma para disparar a la cabeza del viejo campesino.

 

El niño que no era torpe porque intuía la muerte en la amenaza, observó la amargura de su familia y vencido por la realidad agachó la cabeza aceptando el destino de violencia que le acababa de ser trazado por el jefe guerrillero.

 

- Quiero llevar mis cosas, dijo Pedro soltándose a la fuerza de  las garras  de los rebeldes.

 

Lo dejaron entrar a la choza para tomar su sombrero manchado de tierra de arar que era lo único que le pertenecía y con él metido hasta las orejas se fue con los guerrilleros sin mirar atrás para no mostrar las lágrimas a su familia y porque no quería que vieran el  susto y la pena que sentía de pensar en no volverlos a ver.

 

La tragedia de la guerra para los campesinos era tener que escuchar todos los días las noticias de la cosecha de muertos de chicos secuestrados que se habían convertido en carne de cañón porque nunca regresaron a ver cómo desde su ausencia todo había comenzado a derrumbarse incluyendo  las cosechas y sus familias.

 

Vereda abajo, Pedro miró por última vez las tierras de labrantío y minifundio  que dicen pertenece a la gente que está a la brava con la guerrilla como garantía  no se sabe de qué.

 

Pedro es flaco y menudito. Su rostro colorado en los cachetes muestra una gran  frustración porque hacía semanas que planeaba ir a la escuela a aprender las primeras letras y ahora sabe que lo único que acaba de saber es que seguramente va a morir.

 

- Mijo, su merced es un muchacho muy inteligente porque sabe hacer las cosas bien y merece aprender a hacerlas mejor, le había dicho su madre poco antes de que aparecieran los guerrilleros. Su padre, que seguía los dichos de los abuelos  le había dicho con orgullo que cuando llegara la hora de irse para la escuela iba a perder a un buen trabajador.

 

En el ocaso, el sol llanero se crece como una naranja gigante que se pinta de amarillo y rojo a las cinco de la tarde, cubriendo el contingente de niños secuestrados que caminan sin saber para donde los llevan bajo aquel hermoso el horizonte de colores. Avanzan por trochas y caminos de herradura con hambre y se toman varios días sin saber para dónde el destino dispone a dónde van. Luego cuando el sol se va de descanso tras las montañas, arriban a un punto oculto entre la inhóspita clandestinidad donde desaparecen los seres humanos. Hambrientos se enfrentan en todas partes a  fogones abandonados cubiertos de cenizas que pertenecieron a los que el gobierno llama desplazados de la violencia. No han comido en todo el día y ya se les ha dicho que el entrenamiento comenzaba aprendiendo primero a matar el hambre con la costumbre de no comer a no ser los hígados de los enemigos. –Además-dice el comandante - está prohibido a un revolucionario a  hablar de cosas de comer.

 

Pero el hambre que no recibe órdenes de nadie se vuelve respondona en el estómago y en el susurro de la complicidad.

 

Al lado de Pedro está Luis, un chico de su misma edad pero de la llamada  vereda de rastrojos, que es más miserable que la suya. Él le cuenta una historia parecida a su secuestro, pero hay en su relato  palabras que Pedro considera van a ser decisivas para hacer una buena amistad.

 

- Tengo tanta hambre desde hace dos días y creo que  soy capaz de echarle muela a cualquier cosa que se mueva dice Pedro.

 

- Yo también pero ya escuchaste las  amenazas. De seguro si pedimos de comer nos van a dar bala. Antes de que tú llegaras nos habían dicho que comer es una forma de gula capitalista  dice Luis tirando manos al viento buscando golpear a enemigo imaginario con la fuerza que le queda.

 

- Cuánto llevas en estas.

 

- No lo sé, pero ya me parece mucho.

 

El fusil que acaban de recibir les pesa como un condenado y hasta parece ser más alto que ellos. El Comandante, que no tiene más de treinta años, está curtido en la lucha ya ha tenido oportunidad de decirles que sus vidas dependen de ese sucio instrumento de muerte.

 

- ¿Quiénes son los enemigos?

 

- Los ricos y todos los que no son guerrilleros.

 

- ¿Y hay que matarlos a todos? Se ve que son muchos y además nos llevan la ventaja de que atacan con la tripa llena. Pero el comandante dice que la guerra es simple, pues solo tenemos que  buscarlos y darles en la madre y lo dice como si eso fuera fácil.

 

- ¿Y si ellos son los que nos encuentran y nos dan a nosotros?

 

- Pues nos dan en la madre a  todos los guerrillos y como los muertos no hablan.

 

Desde entonces Pedro y Luis anduvieron juntos acariciando el miedo y recitando la lección del odio que no sentían y comprobando que no era cierto lo que el comandante les decía era doctrina revolucionaria. Además la verdad era que ninguno de los dos iba a sentir valor de aguante a la hora de los disparos.

 

Varias semanas pasaron caminando como judíos errantes, sin rumbo fijo, buscando enemigos del pueblo en esa soledad que vuelve tensos e  inútiles los músculos que cargan el fusil que pesa más que la conciencia, hasta que por órdenes superiores que nunca se supo cómo llegaron, fueron remitidos al frente 13 donde se encontraron ciento veinticinco niños más que inocentemente pretendían jugar a la guerra.

 

- El trece es número de la buena suerte dijo Luis con más agüero que confianza, porque se había enterado a la llegada, que allí quedaba el campamento donde iban a ser entrenados contra los ricos que también eran los dueños de toda la tierra de los alrededores.

 

- A qué hora se come en este lugar, preguntó Luis.

 

- Unas veces en la mañana, otras al medio día, una sola comida cuando viene el cocinero que es del pueblo vecino y no me pregunte el nombre del pueblo porque es secreto y nos castigan porque el que  hace esa clase de preguntas se está preparando para desertar.

 

Durante los meses que siguieron, los dos jóvenes campesinos resistieron toda suerte de penalidades entre la selva que resultó estar más cerca de lo que creían  cruzando las áreas montañosas, pisando tierras de cultivo cuidándose de las “minas quiebrapatas” que ellos mismos sembraban cubriéndolas como trampas para los enemigos. Comían poco, unas veces sí y otras no, hasta que ello se volvió un mal hábito de días enteros de ayuno. Entonces los dos nuevos amigos se volvieron ladrones de gallinas y de mujeres, porque de pronto les comenzó la picazón entre las piernas y por ello aprendieron el truco de esperar a las campesinas detrás de las matas donde se dejaban remordimientos con sentimientos de odio y repudio por la revolución.

 

- Nos estamos volviendo más crueles que el comandante, decía Luis después de los placeres de la carne que se estaban volviendo una necesidad como la comida.

 

- El  sigue con su cuento de la revolución y nosotros ya nos hemos dado cuenta que el dinero que le roba a los campesinos se lo encaleta para él y no para la guerra contra los ricos.

 

- Es que ya es rico con lo mucho que roba, respondió Pedro con la mueca de una sonrisa.

 

Un día de esos en que todas las ideas acosan desde temprano, habían tenido que correr para ocultarse entre el monte y pasar de agache a un batallón del ejército que les pisaba los talones.

Pasaron muchas horas respirando sin hacer ruido, hablando por señas y escuchando los bramidos del estómago que no se resignaba a ser alimentado a punta de agua de cantimplora que tenía sabor a plomo. Las cosas habían comenzado a empeorar porque cuando llegaba la noche, ningún guerrillero campesino sabía de quien era vecino o si tenía que esperar las órdenes del Comandante que estaba mudo en la oscuridad y que era el único que tenía de comer. Siempre traía consigo un morral cargado con una panela y un frasco de leche. Aprovechando las necesidades del cuerpo que acosaron al comandante y cerciorándose que en la urgencia éste había descargado el morral recargándolo en el lomo del árbol, Pedro, que ladraba de hambre, se lanzó por el morral haciéndose a leche y a la panela que compartió con Luis sin que nadie más los viera. La leche estaba agria pero al mezclarla con panela les supo a “mielmesabe” llamado también el postre de los pobres. Luego entre los matorrales hicieron cama y se pusieron a conciliar el sueño sin darse más explicaciones.

A la mañana siguiente, el Comandante levantó el morral que se había aligerado de peso. Abrió la boca del morral y metió la mano que no encontró panela ni leche.

 

- ¿Cuál hijo de su madre se robó mi panela y mi leche?, Gritó con ira el comandante.

 

- Las bocas cerradas de los niños guerrilleros se mantuvieron tal cual.

 

- Voy a matar a uno por uno hasta que encontrar al ladrón, dijo sacando la pistola.

 

Inmediatamente apuntó a la cabeza de Luis que estaba cerca de él.

 

Pedro vio el peligro en que el robo había puesto a su amigo. El heroísmo no era conocido por él y dándose una oportunidad de explicar el delito famélico, dio un paso al frente.

 

- Fui yo, tenía mucha hambre mi comandante dijo con el tono suave y la cabeza gacha.

 

El comandante lo miró con odio, le quitó el fusil y le ató rápidamente las manos a sus espaldas.

 

- Prepare su arma y métale un tiro en la cabeza a este ladrón, le ordenó a Luis.

 

- No voy a hacer eso mi comandante, se negó el niño guerrillero.

 

- Si usted no lo hace también se muere, sentenció el Comandante ahora apuntándole con la pistola a uno de sus ojos.

 

Todo el batallón de niños sabía que el comandante hablaba en serio. Entonces  Luis se vio obligado a meterle un tiro a la cabeza de Pedro para salvar su vida. Esa fue la primera oportunidad que tuvo de conocer el verdadero sentimiento del odio que lo impulsó a desertar.

 

Cinco días después Luis regresó por sus huellas hasta la choza de su familia.

 

- Alisten lo que puedan que nos vamos ya, fue el saludo que le soltó a su madre que había perdido la carne de todo su cuerpo hasta quedar casi en los solos huesos.

 

Hoy la familia de Luis ha abandonado el pedazo de tierra porque ya no vale nada desde que se supo que la guerrilla anunció que ya va en camino de cumplir su promesa de matar al desertor y a su familia.

Los campesinos que escucharon la infausta noticia saben que no cuentan con la ayuda de nadie porque en el ejército también los buscan para matarlos cuando se enteran que sus hijos son guerrilleros y esas son razones más que suficientes para guardar silencio sepulcral.

 

Thursday, January 8, 2015

PENSAMIENTOS - II -

Tomado del libro Rimas y Palabras
Por A.J.Ortega


Para los que vagan
sin paz ni destino,
tomad como ejemplo
al pez en el mar
que nunca se queja
de que no hay caminos
por donde avanzar.


La vida en olvido y soledad
es como árbol gris de chamizos
sin flores, sin aromas, muy seco
y sembrado al borde de un abismo.



No puedo llorar a solas
porque el dolor no me deja,
aunque  me ahogue por dentro
con el penar de una queja.




 

 
Riesgos suficientes
tiene la vida
como para ir a jugarse
lo poco que de ella
queda disponible,
en  los juegos tramposos
del incierto azar.

 

Cuando el tiempo
transcurre entre
las penas amargas
no existe nada
que no esté atado
a sus duras amarras.



Wednesday, January 7, 2015

COLOMBIA


QUERIDA AUSENTE

Por A.J.Ortega

No puedo quererte más

como quisiera

si más no puedo,

pues se revienta

el corazón

con tanto

recordarte

entre mi

pertinaz cabeza;

es que yo te

quiero tanto,

mi querida

y ausente niña,

que solo puedo

en palabras

expresarte

la felicidad

que me abraza

al saber

que te amo

sin medida.

 

Qué ansioso

estoy de sentir

el retorno

de tus besos,

que hasta me

pregunto yo

¿por qué prometes

regresar mañana

y no retornar hoy?

¿por qué ausente causar

tanta duda y tanta  pena?

¿si son eternas las horas

que cada segundo cuentan

los latidos de mi corazón?.

 

¿Acaso se puede

quererte más

si a cada instante,

recuerdo que tu dices

que algún día

regresarás

y yo te busco

y aún no estás?

 

¿Que soy grande

para ti?,

que importa

si nadie

lo entendiera,

que tanto

yo te he amado

que nadie igual

o más pudiera?

al fin de cuentas

lo que digo son

excusas

que me doy

porque el amor

carece de sentido

cuando es ilusión

o cuando no hay

una simple razón  

para pensar en

castigos del olvido

que atado está

a la pena

que al corazón

tu ausencia causa?

Tuesday, January 6, 2015

PENSAMIENTOS

Por A.J.Ortega

     

 

El miedo paralizante

es la idea de la paz

que tiene el mediocre.

 

     

 

La soledad es huésped

bienvenido hasta que

nos aburre.

 

     

 La esclavitud

tuvo que existir  

Primero para

luego tener que

darse de trompadas

buscando la libertad.

 

      

 

Todo lo que ha sido

definido

está limitado.

     



 

La definición de libertad

es la limitación exigida

por vecino intolerante.

 

     

 

El libertinaje

es la plenitud

secreta

de la libertad

interior.

 

     

 

El hombre es una definición

incompleta. La mujer apoya

esa definición.

 
     

 

La gordura

es exceso de imágen.

 
     

 

La verdad es relativa si
no tiene fin último.

 

     

 

El mentiroso

pasa la vida 

buscando

que alguien

le crea

que es veraz.

 
     

 

La observación

es el testigo de

la mutación.

 

     

 

La búsqueda de su origen

hizo del hombre un

relativista que todo lo duda.